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Cómo citar (APA, séptima edición):

Revista Científica Universitaria Ad Hoc. (2026). Comunicación y política. Entrevista a Néstor Prieto. Revista Científica Universitaria Ad Hoc, 7(3),6-13.

Néstor Prieto Amador es un periodista y politólogo de la Universidad de Salamanca, miembro impulsor del medio de comunicación “Descifrando la Guerra”. Se especializa en el estudio de las relaciones internacionales con énfasis en América Latina y el Mundo árabe-islámico. Su trabajo en seguimiento de los conflictos armados y su participación como corresponsal en la Global Sumud Flotilla lo han convertido en una figura influyente del análisis geopolítico.

Teniendo esto en cuenta, la siguiente entrevista, realizada en el contexto del Coloquio Patria, en abril de 2026, busca dar voz a algunos criterios del experto, así como entender en qué medida la comunicación política puede ser una herramienta para luchar por el cambio.

¿Cómo te iniciaste en el periodismo y cuáles fueron tus primeras impresiones?

Yo empecé en el periodismo de una manera casi accidental, yo no estudié periodismo, estudié Ciencia Política y Administración Pública y me especialicé en política internacional y geopolítica, pero desde pequeño me gustaba mucho escribir. Fundamentalmente, mi padre me estimuló mucho la escritura y, de manera natural, me interesaba mucho la política internacional y escribía de una manera muy amateur. Y vinculado a mi militancia también, que empecé en el movimiento estudiantil con 13 años, empezaba a escribir sobre la realidad que me rodeaba. Era un periodismo militante, muy precario, en el auge de las redes sociales, que ya llevaba tiempo, pero que yo empezaba a consumirlas con 15, con 16 años, y pues empezaba a escribir allí. Precisamente, en ese entorno, en ese ambiente, cuando yo entré en la carrera, con 18 años, en Ciencia Política, yo escribía ya sobre política internacional. Y el medio en el que yo lo hacía, que era el medio nativo, era Internet; Twitter, fundamentalmente.

Y allí un grupo de gente que queríamos hacer periodismo y narrar la política internacional desde un punto de vista crítico o contrahegemónico fundamos un portal que se llamó Descifrando la Guerra. Simplemente, había un vacío de política internacional, de hablar de la política internacional desde otra perspectiva, desde otra óptica, y fue un proceso muy natural. Como yo llevaba tiempo escribiendo y había hecho de mi escritura en las redes sociales un hobby o algo que a mí me gustaba, es decir, no solo consumía, sino que también creaba, pues terminó derivando y creé este portal. Dio muy poquito reporte económico, hasta que yo termino mi carrera, empiezo a trabajar y veo que necesito ingresos extra para poder llegar al final del mes. Como yo ya escribía, simplemente fue decir, vale, voy a dejar de hacerlo como un hobby y voy a empezar a escribir en medios de comunicación más convencionales que son, desgraciadamente, quienes te dan la sostenibilidad en el actual ecosistema mediático.

¿Por qué recurrir al periodismo independiente? ¿Qué ventajas y desafíos brinda?

Vengo de un periodismo militante, entonces fue siempre un proceso muy natural el estar allí; y yo, vinculado a mis experiencias políticas, es donde empecé a sentirme inquieto por la escritura y a publicar. Creo que el gran pro que tiene es que realmente hay un espacio alternativo para comunicar. Hay un gran vacío por parte de los medios hegemónicos a la hora de hablar no solo de política internacional, sino en general de lo que ocurre en el mundo a nivel nacional, a nivel vecinal. Y yo creo que la gran contra es que nos ha costado históricamente mucho porque la comunicación es una herramienta cara que requiere dinero y recursos y nos cuesta salir de lo que es el medio puramente militante, profesionalizarlo, y que no sea simplemente una caja de resonancia. Tendemos a medios que son de autorreproducción, ─lo cual creo que es necesario, tener medios que son leídos por la militancia─ pero creo que el gran reto es conseguir que sea atractivo y conseguir que nuestra comunicación transgreda el espacio donde nosotros políticamente nos relacionamos, porque ese es un espacio muy finito que no altera los equilibrios ni las realidades sociales.

No es la realidad de Cuba, donde evidentemente los medios alternativos ─no podemos llamarlos alternativos desde una óptica nacional, igual sí desde una óptica internacional apelan a una base social muy amplia que es la base social de la Revolución, con sus contradicciones y con su evolución a lo largo del tiempo, pero es una base amplia. En Europa, sin embargo, los medios alternativos no salen de círculos muy concretos y yo siempre he tenido la frustración de que por más que militara con 13 años no aspiraba que me leyesen mis militantes porque mis militantes son los menos. Entonces creo que ese es el gran deber que tiene todavía la prensa combativa; una realidad que es objetiva, que necesitamos contar y que nadie cuenta y eso es un problema enorme, pero no podemos hacerlo con técnicas comunicativas antiguas, buscando reproducir el nicho en el que estamos y actuando como cajas de resonancia.

La configuración del proletariado a escala global tiende a una fragmentación cada vez mayor, causada por el aislamiento e individualización de las realidades –fenómeno que estalla a partir de la oleada neoliberal. Como militante comunista y periodista, ¿cómo comunicar ante este fenómeno?

Bueno, yo creo que hay varias dinámicas. Lo primero es que a nivel teórico hay que hacer una correcta limitación de lo que es el sujeto revolucionario. La composición de la clase trabajadora a nivel global ha cambiado. Yo creo que es un debate que en buena medida ya está superado pero que todavía hay gente que tiene la tentación de identificar a la clase obrera internacional y sus distintas realidades nacionales como un obrero de mono azul, que es un hombre de 60 años, que tiene el mono manchado de grasa y, curiosamente, ninguna de las grandes revoluciones socialistas ha tenido como sujeto revolucionario únicamente a ellos. En la Revolución Soviética era el campesino más el proletario, pero mayoritariamente era el campesinado. La Revolución Cubana también articulaba y tocaba distintos segmentos sociales. Creo que hay que saber entender la composición de clase que hay ahora. La clase trabajadora es una clase más diversa, no solo desde el punto de vista productivo porque su relación con el modelo productivo ha cambiado, sino también desde un punto de vista sociológico, demográfico y étnico. Es una clase trabajadora atravesada por distintas realidades y creo que si no sabemos cuál es la clase trabajadora es muy difícil comunicarnos hacia ella. Yo creo que eso es lo primero. No pensar que el proletario sigue estando en una gran fábrica fordista, sino que esa realidad se ha cambiado.

Derivado de ello, creo que el gran reto es entender que la comunicación ha cambiado; que todo el mundo, desde hace medio siglo, tiene acceso a redes sociales, a Internet y eso ha democratizado el conocimiento, ha democratizado el acceso a la información y ha roto la lógica comunicativa. Antes era una lógica vertical donde teníamos un emisor, un canal de transmisión y un receptor que no podía interactuar con lo que recibe. Ahora tenemos nodos divididos frente a una escala vertical, donde cada actor puede replicar un mensaje y puede interactuar con un mensaje. Eso son las redes sociales. No tenemos que concebir solo a la clase trabajadora como un sujeto diverso y, por tanto, adaptar nuestro lenguaje y nuestro discurso a ello, sino también entender que la clase trabajadora no se educa por canales tradicionales únicamente. No solo consume la televisión o el periódico, que puede ser el periódico del Partido, sino que la clase trabajadora consume redes sociales, consume reels, consume TikTok… No es lo que más nos gustará porque nos puede parecer banal, pero es donde está y es donde mayoritariamente lo consume y, además, es evidente que la clase trabajadora, por sus condiciones más paupérrimas desde un punto de vista económico, no tiene ni el tiempo ni, muchas veces, el capital cultural, ni la capacidad de poder sentarse a leer la prensa escrita o a leer a nuestros referentes teóricos, que requieren tiempo e información. Entonces hay que hacer esa adaptación entendiendo los nuevos canales de comunicación y sus nuevas realidades materiales.

Eres militante del Partido Comunista Español, un partido que funciona dentro de la lógica de la democracia representativa y lleva varios años formando parte de variadas y heterogéneas coaliciones parlamentarias, inestables por naturaleza. ¿Qué contradicciones y retos presenta esto para la comunicación comunista y para ti como militante comunista?

La posición que tiene el Partido Comunista de España históricamente ha sido siempre mantener un periódico de referencia que es Mundo Obrero, que es el órgano de expresión del partido, como es aquí el Granma, y siempre ha sido un gran deber por parte de toda la izquierda y los partidos comunistas europeos articular nuevos espacios de comunicación o dar la guerra comunicativa tanto a nivel de grandes medios como a nivel de medios más alternativos y más novedosos. Hay un gran deber que es, en primer lugar, cuando eres parte de coaliciones electorales y esas coaliciones electorales forman parte del gobierno, siempre parece, por desgracia y es una posición de la que yo estoy en contra─, que hay que hacer un equilibrio con el poder.

Yo creo que el Estado no es un espacio de disputa. El Estado burgués tiene una naturaleza que se puede camuflar, pero nunca puede difuminarse completamente, que es una naturaleza de clase. El Estado es una clase y, por tanto, cuando estás dentro y estás como un socio menor de una coalición siempre parece que lo que tus militantes escriban puede ser objeto de controversia y parece incompatible mediar entre la militancia política activa y también la comunicación política y ese espacio. Entonces, es complicado. Yo creo que uno de los grandes deberes que tienen, yo diría que todos, los partidos comunistas, pero especialmente en Europa Occidental, es que leyeron muy bien lo que era la comunicación antiguamente. O sea, Fidel lanza Radio Rebelde porque era lo que podía consumir el pueblo y está adaptado a lo que era el pueblo. Ellos no distribuían un periódico para que lo leyesen los campesinos del oriente del país que no sabían leer muchos de ellos; ellos usaron la radio como medio de comunicación.

Nosotros podemos tener un periódico ahora en España, pero la gente consume televisión y redes sociales y no tenemos una producción desde un punto de vista militante que lo satisfaga, no ya solo como una iniciativa individual que puede tener un militante, sino que los partidos comunistas no tienen esa visión. Muchas veces desde un cierto paternalismo teórico, se teoriza que las redes sociales, en primer lugar, no son un espacio neutral: efectivamente no lo son; y en segundo lugar, son un espacio vulgar, sin profundidad, que también potencialmente lo es, y que es el contenido que más fácilmente se puede viralizar, pero es el espacio de consumo de nuestra clase, por tanto no se puede renunciar a él y es uno de los grandes deberes que tienen los partidos comunistas en Europa.

En los últimos años, se han evidenciado cambios en el sistema internacional que sugieren una reconfiguración de la hegemonía estadounidense y un fortalecimiento de actores alternativos al Occidente tradicional. Como tendencia, se aprecia una polarización geopolítica y comunicacional. No obstante, el sistema internacional tiende a una multipolaridad en la que los principales polos de poder no plantean una ruptura con el sistema de dominación capitalista. ¿Cuáles son los retos que enfrenta la izquierda a nivel internacional en el contexto de actual transición intersistémica, más allá del entusiasmo predominante sobre esta?

Bueno, efectivamente estamos en un momento de transición geopolítica hacia un orden internacional cuya configuración es incierta. Todavía no sabemos cuál va a ser la configuración final que tenga el orden internacional, pero sin duda alguna el proceso de transición que estamos viviendo nos anticipa un orden internacional más violento, con una erosión del sistema multilateral, que nunca fue perfecto y que siempre tuvo un carácter muy débil, pero que de manera definitiva se está enterrando a una velocidad muy acelerada. El nuevo orden internacional está marcado, además, por el desarrollo tecnológico de manera clara. La irrupción de la inteligencia artificial afecta también a los medios de comunicación, a la producción de información y de comunicación y va a afectar más todavía; y esa inteligencia artificial también está afectando a la transición internacional. Estamos viendo que la automatización del ámbito armamentístico es masiva y que avanzamos hacia la automatización mediante inteligencia artificial del armamento y eso reduce la presencia y la influencia humana en la toma de decisiones hasta el punto de que estamos viviendo un mundo más hostil, más violento, donde se están erosionando los acuerdos que limitaban la proliferación de armamento y eso es peligroso.

La inteligencia artificial y la desinformación como aspectos derivados de este nuevo orden internacional, que es más confrontacional, están a la orden del día y suponen un desafío porque una de las consecuencias más inmediatas de esta desinformación y de este uso de inteligencia artificial es que también hay una desconfianza creciente por parte de la gente en la comunicación en general y sobre todo en los medios de comunicación tradicionales. Es más difícil comunicar porque todo se pone bajo un halo de sospecha o genera ciertos recelos.

El marxismo es por definición dialéctico. Las relaciones sociales de producción siempre han configurado la estructura de clase y la inteligencia artificial está mecanizando el trabajo, el empleo, la comunicación, la economía y eso va a alterar la estructura de clase y va a alterar los medios de comunicación y nosotros no podemos quedarnos atrás. No nos quedábamos atrás cuando Marx hablaba del proletario del siglo XIX; no se quedó atrás Lenin para hablar del proletario del siglo XX; no se quedó atrás Fidel para hablar del proletario de la segunda mitad del siglo XX; no nos podemos quedar atrás ahora. Hay que analizar y estudiar con mucho rigor lo que está ocurriendo. Es una evolución muy rápida pero no tenemos buenos análisis o no son análisis todo lo exhaustivos que debieran. Creo que hay ciertos sectores que todavía ven la inteligencia artificial casi como el viejo sindicalismo ludista que entraría con un palo a golpear los servidores de chat GPT y hay otra gente que estamos interesados por entender lo que ocurre pero que nos sobrepasa en cierto sentido. Entonces, lo primero que tenemos que entender es cómo en este nuevo mundo se está desarrollando una herramienta que configura la comunicación y que va a configurar las relaciones sociales y por tanto la estructura de clase y el sistema de dominación; y utilizarlo, insertarlo en nuestro día a día a la hora de comunicar.

Efectivamente no hay un horizonte socialista, no hay ningún actor que abrace de manera clara un orden alternativo donde la clase trabajadora está en el centro y quiero pensar que la única ventaja es que esta transición está acelerando las contradicciones: tanto la contradicción capital-trabajo como la contradicción capital-medio. Creo que vamos hacia un mundo donde la explotación del hombre por el hombre se está agravando, sobre todo en ciertas etapas y en ciertas esferas. En Asia, en África, en grandes partes de América Latina, la desigualdad es creciente, el nivel de acumulación de riqueza de las minorías opulentas es insultante.

Por otro lado, el nivel de contradicción capital-medio también es creciente: el medio ambiente, la tierra, no sostiene ni aguanta el modelo de desarrollo hacia el que estamos caminando. Y este orden multipolar también está acelerando el desarrollo armamentístico, el desarrollo económico, el desacoplamiento parcial de lo que era una economía hasta ahora globalizada que pasa también por el desarrollo de industrias nacionales, por nuevas alianzas, por un mundo más contaminante. Todo eso nos invita a pensar que, aunque no haya un horizonte, las contradicciones van a estar más latentes que nunca. Por eso creo que es importante, como decíamos al principio, entender la nueva estructura de clase; entender los mecanismos donde consume información nuestra clase; entender una herramienta tan disruptiva como la inteligencia artificial que va a configurar las relaciones comunicativas y económicas; y entender que las contradicciones, aunque no hayamos sabido exacerbarlas ustedes sí, pero nosotros no─, van a estar ahí y van a estar creciendo.

Por tanto, aunque no esté ese horizonte, quiero pensar que el caminar hacia el abismo va a hacer más evidente que es necesario el cambio. Puede que cuando nos queramos dar cuenta ya estemos en el abismo, pero creo que esta nueva transición está acelerando también la descomposición del capitalismo, del orden internacional, del medio ambiente y eso nos abre una ventana de oportunidad, por desgracia.

Hoy, el mundo se adentra en una nueva oleada reaccionaria. La izquierda no solo debe enfrentarse a ella, sino también a sus propias limitantes: desde la descomposición del campo socialista principalmente, las propuestas progresistas no han apostado por una ruptura radical con el sistema de dominación capitalista y, atrapadas en esta lógica, se han agotado. ¿Cómo pueden articularse y renovar sus propuestas los movimientos de izquierda, en medio del declive del progresismo y el auge de nuevas fuerzas reaccionarias? (Y en qué medida puede ser la comunicación una herramienta útil en este proceso).

La caída del muro de Berlín supone una derrota ideológica y una derrota de proyecto histórico absoluta. Ni tú ni yo vimos la caída del muro de Berlín. Yo nací cuando el muro de Berlín ya había caído, pero la falta de una referencia desnortó, desunió; incluso en los sectores que podían ser críticos hacia la Unión Soviética, no digo ya dentro del campo socialista sino dentro de lo que ahora se llamaría progresista o de la izquierda internacional, generaba ciertos consensos o había un cierto horizonte. El colapso de la Unión Soviética aceleró que los elementos más oportunistas que estaban dentro de los partidos comunistas virasen hacia la socialdemocracia y en muchas ocasiones se llevasen consigo las siglas históricas y hayamos visto cómo se ha perdido una influencia e incluso cómo se han perdido partidos históricos, fundamentalmente en Europa Occidental, comunistas. Creo que esa situación no se ha sabido revertir y no hay indicios de que se vaya a revertir en el corto plazo, precisamente porque el capital ha sabido, como hace siempre, fagocitar las nuevas estrategias de lucha que, desde mi punto de vista, erróneamente, al menos en Europa, han pasado mucho desde la articulación del sujeto revolucionario en base a su identidad. Creo que son políticas que han sido muy débiles. No hemos sabido apelar a la clase trabajadora como clase trabajadora, sino que las hemos intentado apelar desde conceptos abstractos que son digeribles por parte del sistema: de identidad, como puede ser el tema de la cuestión de género, que sí que es fundamental y que desde el marxismo siempre se ha sido negacionista o parcialmente negacionista en ciertos aspectos, pero que se ha convertido en un elemento central que en España se está convirtiendo, por ejemplo, en un elemento arrojadizo por parte de la extrema derecha. Y no hemos sabido leerlo bien y articularlo bien. U otros temas.

No hay un sentimiento de identidad colectiva y no hay una capacidad de interpelar colectivamente, entonces pasa por recuperar esa identidad, por reconstruirla desde la base con una militancia pegada al conflicto social. Es decir, si el Partido se limita a la representación burguesa en el Parlamento, no hay ningún horizonte. Y yo creo que eso pasa por militancias y por cambiar la mentalidad de los partidos hacia una lógica de militancia pegada al territorio, pegada a la contradicción de la gente, es decir, en el centro de trabajo, en el centro de estudio, en el vecindario allá donde la gente sufre las consecuencias del capitalismo; y eso no es algo que esté ocurriendo ahora. La tentación de entrar en el juego democrático burgués es enorme y eso hace que hayamos estado inmiscuidos en las elecciones y se haya descuidado lo que es la articulación política revolucionaria y, efectivamente, sin plantear una ruptura real, como dices tú. Eso sigue dándose ahora. Creo que hay debates crecientes sobre cómo volver a poner ese elemento en el centro, pero diría que todavía es minoritario.

Los desafíos de la izquierda son numerosos, pero el proyecto a emprender debe ser internacional. ¿Qué retos tiene la izquierda occidental en su relacionamiento con movimientos progresistas y/o antimperialistas de la periferia del capitalismo global?

Bueno, yo creo que lo primero de todo es dejar a un lado todas las tendencias racistas, coloniales, neocoloniales que existen porque no ha habido ni un solo país en Europa Occidental con el pleno desarrollo de las fuerzas productivas y del proletariado como clase que ha hecho una revolución exitosa. Estuvimos cerca con los espartaquistas en Alemania, el Partido Comunista en Italia tuvo grandes resultados electorales que parecieron hacerlo, pero eso que teorizó Marx de que allá donde el grado de la estructura de clases más desarrollada estaba y el proletariado estaba en un estado más maduro iba a tener lugar una revolución no se dio. Tuvo lugar en Vietnam, tuvo lugar en una Rusia feudal, tuvo lugar en Cuba, pero nosotros no lo hemos conseguido.

Entonces creo que lo primero que hay que hacer es sentarnos a hacer una revisión histórica de lo que ha supuesto y, por supuesto, entender de las lógicas y de las dinámicas que están teniendo lugar en América Latina y en la periferia en general porque son realmente el foco. Hablábamos antes y yo te decía que creo que las contradicciones van a ser crecientes. Van a ser especialmente crecientes precisamente en la periferia, porque el imperialismo se sostiene sobre los eslabones más débiles de la cadena que son quienes proveen la materia prima y la mano de obra barata para sostener ese grado de consumo inabarcable e injusto. Entonces las contradicciones están creciendo. Creo que en Europa no estamos haciendo nuestra parte.

No hemos conseguido poner encima de la mesa lo injusto del sistema y, por tanto, cuando miramos hacia la periferia hay que hacerlo libre de todos esos prejuicios y entendiendo además que gran parte del porvenir se va a jugar precisamente en que las grandes masas obreras campesinas, proletarias, trabajadoras del sur global, de la periferia, son quienes pueden, deben y tienen más razones para levantarse y es innegable que esa lucha de clases está mucho más activa aquí. La represión contra esa lucha de clases está mucho más activa aquí. Y por tanto debe de incentivarnos a venir, a aprender y a dialécticamente incorporar esas enseñanzas a nuestro día a día. Creo que es lo que se intenta hacer. Siempre uno tiene muchas inercias culturales, es decir, siempre pesa mucho lo que has vivido y has tenido como experiencias, pero creo que es el único camino: acercarte a la periferia desde ese punto de vista para poder hacerlo realmente bien y poder aprender de estas experiencias históricas y con este contexto tan singular que tenemos.