Recibido: 22 de febrero de 2026
Conflicto de Intereses:
Los autores declaran que no existen conflictos de intereses relacionados con el artículo.
Contribución de Autoría:
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Agradecimientos:
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Financiación:
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Aceptado: 30 de marzo de 2026
Derechos de Autor:
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Cómo citar (APA, séptima edición):
Suárez Rodríguez,K.I. y Aciego Moreno, A.A. (2026). La geopolítica del sistema de alianzas del conflicto sirio. Revista Científica Universitaria Ad Hoc, 7(2), xx-xx
resumen
El conflicto sirio constituye uno de los escenarios bélicos más complejos del siglo XXI, caracterizado por la multiplicidad de actores y la constante reconfiguración de alianzas. Este trabajo analiza cómo se articularon los grupos entre los distintos actores involucrados —gobierno sirio, grupos rebeldes, kurdos, yihadistas— y los apoyos externos: Rusia, Irán, Estados Unidos, Turquía y las monarquías del Golfo. A lo largo de tres etapas diferenciadas, se observa cómo las coaliciones se transformaron en función de los cambios en la correlación de fuerzas sobre el terreno y las prioridades estratégicas de cada actor. El pragmatismo y la flexibilidad de las agrupaciones evidencian una transición en el orden mundial, donde los intereses geopolíticos prevalecen sobre las afinidades ideológicas.
Palabras Clave: intereses imperialistas, Medio Oriente, zonas de influencia, Bashar al-Assad
ABSTRACT
The Syrian conflict is one of the most complex war scenarios of the 21st century, characterized by a multiplicity of actors and the constant reshaping of alliances. This study examines how groups were coordinated among the various actors involved —the Syrian government, rebel groups, Kurds, jihadists— and external supporters: Russia, Iran, the United States, Türkiye, and the Gulf monarchies. Across three distinct stages, it is observed how coalitions evolved in response to changes in the balance of power on the ground and the strategic priorities of each actor. The pragmatism and flexibility of these groups reflect a transition in the world order, where geopolitical interests take precedence over ideological affinities.
Keywords: imperialist interests, Middle East, spheres of influence, Bashar al-Assad
introducciÓn
Tras el fin de la Guerra Fría y la transición a la unipolaridad, Estados Unidos (EE.UU.), en aras de consolidarse como hegemón mundial, fortaleció sus zonas de influencia alrededor del mundo para controlar regiones estratégicas. Por su posición geográfica y riquezas, Medio Oriente fue prioridad dentro de la política expansionista de EE.UU. Consecuentemente, las fuerzas norteamericanas intervinieron en varios países árabes utilizando como pretexto la lucha contra el terrorismo.
Como consecuencia de la colonización en la región, el surgimiento y fortalecimiento de Israel como Estado aliado al bloque Occidental, devino en factor desestabilizador para los países musulmanes vecinos. En este sentido, la República Árabe Siria, uno de los principales actores regionales enfrentados contra Israel, fue uno de los objetivos principales en el área.
El estallido de la guerra en Siria devino en un conflicto regional que influyó en las dinámicas en Medio Oriente y en la conformación de coaliciones. En esta línea, los sistemas de alianzas se presentan como acuerdos formales o informales, generalmente entre Estados o grupos, que se unen para cooperar y alcanzar objetivos comunes.
Durante el conflicto, la conformación de sistemas de alianzas entre actores externos como Rusia, Irán y Turquía e internos como el Ejército Árabe Sirio, los grupos insurgentes, terroristas y los kurdos convirtió este territorio en un punto estratégico de pujas de poder e intereses estratégicos. Ello demostró la flexibilidad y el pragmatismo de las alianzas durante los periodos de crisis hegemónica y transición intersistémica.
La presente investigación tiene como objetivo analizar el sistema de alianzas en el conflicto sirio durante el período de 2011-2024. Para ello, se hará referencia a los antecedentes históricos del conflicto que determinaron la conformación de acuerdos estratégicos de cara a los enfrentamientos. Además, se presentarán los actores regionales y extrarregionales que intervinieron en el conflicto e interactuaron, indistintamente, con las facciones beligerantes. En adición, se proporcionará una periodización de la guerra con tres etapas principalmente: la primera (2011-2013) abarca la conformación de las coaliciones, la segunda (2014-2021) refiere la intervención directa de las potencias y la concreción de cierta estabilidad y la tercera (2022-2024) contiene el derrocamiento de Bashar al-Assad y la proyección exterior del nuevo gobierno sirio.
desarrollo
La herencia de la bipolaridad
El inicio de la Guerra Fría supuso un nuevo orden mundial, basado en un sistema bipolar, donde coexistían dos polos hegemónicos contrapuestos. En este tipo de escenario se redefinieron características específicas del sistema de relaciones internacionales. En esencia, se destaca la rigidez de las alianzas, debido al interés de las potencias en crear distintas áreas de influencia donde ejercer su poder y evitar la expansión de su oponente (Kaplan, 1957; Dallanegra, 1981).
En la región geopolítica de Medio Oriente, las constantes desestabilizaciones por parte de Gran Bretaña y Francia, ex metrópolis coloniales, contribuyeron al surgimiento de un movimiento nacionalista panárabe protagonizado por los gobiernos de Egipto y Siria. De esta forma, se fundó la República Árabe Unida (RAU) con un gobierno progresista y un proyecto económico independiente, que se alineó a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) debido a la hostilidad del bloque capitalista. Sin embargo, las contradicciones internas, así como la presión de Occidente condujeron al fracaso del Socialismo Árabe1.
El Estado sirio, conformado después de la RAU y dirigido por Hafez al-Assad, se caracterizó por la ampliación de las relaciones de producción capitalista y la centralización estatal. Asimismo, se opuso al expansionismo estadounidense y a la agresión del sionismo contra el mundo árabe, lo que suscitó la conformación de un sistema de alianzas con la URSS e Irán, debido a la convergencia de intereses geopolíticos comunes.
En consecuencia, Siria ofrecía un posicionamiento estratégico contra Occidente y recibía respaldo económico y militar (Hinnebusch, 2001). Cabe destacar, su ingreso a la coalición llamada Eje de la Resistencia2 como contrapeso directo a la influencia y operaciones de Arabia Saudí e Israel en la región.
En oposición, la puja de poder para conformar zonas de influencia conllevó al despliegue de los intereses expansionistas de EE. UU. en la región. Para ello, promovió procesos de desestabilización y conflictos mediante el respaldo político, económico y militar a Israel. Paralelamente, convergieron intereses de fortalecimiento de potencias regionales como Arabia Saudita y Turquía.
El fin de la Guerra Fría significó un cambio en el orden internacional, que transitó hacia un sistema unipolar. Esto supuso el debilitamiento de las alianzas del bloque socialista y obligó a sus Estados a transformar sus economías; en el caso de Siria, ello contribuyó a la recesión de los 90. Por ende, el nuevo gobierno sirio, dirigido por Bashar al-Assad3, se vio obligado a aplicar políticas de corte económico neoliberal para superar la crisis interna.
Los cambios establecidos se basaron en la promoción de políticas librecambistas, esencialmente con países de la región. Este proceso llamado infitah (en español “Puertas Abiertas”) benefició, esencialmente, a los sectores burgueses por medio de la apertura y modernización económica. Sin embargo, la base tradicional del baazismo, esencialmente campesinos y trabajadores (Amuchástegui, 1988), fue severamente afectada. Esta situación agravó las contradicciones internas en Siria, lo que condicionaría el descontento poblacional y, posteriormente, protestas masivas en importantes urbes contra el oficialismo.
Entre 2010-2012 se iniciaron una serie de protestas en Medio Oriente, generalmente, como resultado de la situación económica y política de varios países árabes y la marcada influencia propagandística estadounidense. La manipulación de las manifestaciones se dio desde los medios de comunicación masiva y las redes sociales. Este proceso, denominado por Occidente como “Primavera Árabe”4, fue aprovechado, bajo falsos intereses de democratizar las estructuras de estos Estados, para promover cambios de régimen, intervenciones militares e inestabilidad política.
Mapeado de actores internos
en el conflicto sirio
En el caso sirio, se iniciaron protestas auspiciadas por EE. UU., que aspiraban a reformas económicas y sociales. Sin embargo, la escalada de violencia influyó en la organización de grupos rebeldes opuestos a al-Assad y, posteriormente, en la guerra civil siria. Resulta significativo la manipulación del factor religioso como un elemento diferenciador entre la población siria, mayormente sunní, para crear nuevos enfrentamientos. Esto condicionó la estratificación religiosa entre los sunníes y los alauitas en la nación (Alcira Mohanna, 2019).
Desde el inicio del conflicto se identificó una división entre los actores internos: por un lado, el gobierno sirio, respaldado por el Ejército Árabe Sirio y apoyado por el Eje de la Resistencia, Irán y Rusia indirectamente. Por otro, las organizaciones opuestas a al-Assad, conformadas por agrupaciones rebeldes: fuerzas kurdas, grupos moderados y extremistas suníes. También desde la primera etapa, había apoyo indirecto de las monarquías árabes del Golfo Pérsico5 a la disidencia, facilitándoles la entrada de armamentos y a través del discurso mediático.
Las agrupaciones rebeldes se caracterizaron por la creación de distintas organizaciones como fue el Consejo Nacional Sirio (CNS), radicado en Turquía e integrado por la oposición desde el exterior. Este era una coalición que tenía el objetivo de derrocar al gobierno de al-Assad e instaurar una “democracia civil y pluripartidista”.
Asimismo, se creó el Ejército Libre Sirio, brazo armado de los rebeldes, que aglutinó a un importante número de desertores de las Fuerzas Armadas Árabes Sirias y milicianos reclutados en el terreno. Esta fuerza armada era la principal contraparte del gobierno sirio, sin embargo, fue desplazada luego de la aparición de grupos yihadistas que procedieron a liderar las operaciones contra al-Assad. Estos grupos fundamentalistas encontraron el apoyo, indistintamente, de Occidente, Turquía y las monarquías del Golfo.
Otro actor importante lo constituye la comunidad kurda, privada de un Estado propio por Francia y Gran Bretaña luego del desmembramiento del imperio Otomano. Ellos han sido utilizados intencionalmente por Occidente como factor disruptivo a nivel regional. Su principal apoyo proviene de EE.UU. (Torres, 2025), por lo que interactúan en los sistemas de alianzas contrario a los Estados entre los cuales quedaron divididos (principalmente Turquía, Irak, Siria e Irán). Consecuentemente, el debilitamiento de estos países, garantiza la presencia hegemónica de Washington en Medio Oriente.
Entre las principales agrupaciones yihadistas se destaca la rama de Al-Qaeda en Siria conocida como el Frente al-Nusra y el autodenominado Estado Islámico en Irak y Levante (ISIS), integrado sobre todo por yihadistas internacionales (Álvarez-Ossorio, 2022). Estos grupos se vieron apoyados financieramente por las monarquías del Golfo y, de forma secreta, por Turquía y EE.UU. (Al Mayadeen Español, 2021).
La escalada obligó al desplazamiento de civiles sirios fuera del país. Según la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR, 2024), se estiman aproximadamente 7,2 millones de desplazados internos y más de 4,8 millones de personas refugiadas en países vecinos, donde destacan Turquía, Líbano, Irak, Egipto y Jordania. Esto, conjuntamente con la multiplicidad de actores, su impacto transfronterizo y la intervención de potencias externas, configuró al conflicto como un fenómeno regional, pues el constante flujo de refugiados devino en problemas de seguridad para los Estados receptores y condicionaron la actuación de actores en el conflicto y sus posturas respecto al sistema de alianzas.
Interacciones del sistema de alianzas (2011-2013)
Durante el periodo 2011-2013, los actores internos involucrados en el conflicto fueron respaldados por las distintas potencias, a través de apoyo logístico-militar y político. En el plano multilateral, las iniciativas internacionales sobre la guerra siria se limitaron a denuncias en las Conferencias de Paz y el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, sin lograr consensos efectivos. Ante los constantes desacuerdos, EE.UU. fortaleció medidas unilaterales contra el gobierno de al-Assad y presionó a Europa para que también impusiera sanciones a Siria.
En cambio, el gobierno de al-Assad fue respaldado por el Eje de Resistencia, liderado por Irán a través de las Fuerzas Quds, división del Cuerpo de la Guardia de la Revolución Islámica, y por el grupo libanés Hezbolá, que combatieron sobre el terreno junto al Ejército Árabe Sirio. La participación directa de los milicianos de Hezbolá en la batalla de Qusair en la primavera de 2013 permitió al gobierno sirio recuperar esa localidad estratégica cercana a la frontera con Líbano y retomar la iniciativa de la guerra, que el año anterior había pertenecido a la oposición (Giménez, 2013).
Por otro lado, Washington apoyó de manera encubierta a la oposición siria y a los terroristas con armas e información de inteligencia y denunció ante la ONU al gobierno de al-Assad de utilizar armas químicas contra la población (Ghotme, 2015). El suceso de Ghuta6 estuvo a punto de desencadenar una intervención militar liderada por EE.UU., pero finalmente la mediación de Rusia paralizó, al menos de forma temporal, la acción extranjera en Siria.
El desenvolvimiento de la guerra evidenció los intereses de los actores regionales y extraregionales en Medio Oriente. Primeramente, EE.UU. se presentó como líder en el proceso para derrocar a al-Assad, apoyando indistintamente a grupos rebeldes moderados y extremistas, así como a la comunidad kurda. También, el gobierno de Erdogan buscó beneficiarse de la crisis siria para fortalecer su posición estratégica en la región y garantizar su integridad territorial con el enfrentamiento a los separatistas kurdos. Además, las monarquías del Golfo Pérsico, financistas de grupos terroristas como al-Nusra, y, posteriormente, la Hayat Tahrir al-Sham (HTS)7 e ISIS, buscaban debilitar a Irán y Siria, pues el desarrollo de estos modelos republicanos constituye una amenaza a su sistema monárquico conservador.
Dinámicas del sistema
de alianzas (2014-2021)
A partir del año 2014, se incrementó la presencia extranjera en el conflicto. El despliegue militar convirtió al territorio sirio en un escenario de enfrentamiento de intereses estratégicos entre las potencias. Ante este contexto, se evidenciaron cambios en la correlación de fuerzas que supeditaron la formación de mecanismos de negociación (Sanamé Chavez, 2026).
La administración de Barack Obama utilizó la conformación del ISIS como pretexto para intervenir militarmente en el territorio sirio bajo la excusa de la guerra contra el terrorismo. Consecuentemente, inició un plan militar de bombardeos aéreos a zonas controladas por ISIS y apoyó a fuerzas locales como las Fuerzas Democráticas Sirias lideradas por grupos militares kurdos (Lister, 2016).
En este contexto, el gobierno sirio solicitó el apoyo de Rusia ante la creciente crisis en el país. La entrada directa del Kremlin al conflicto manifestó las contradicciones entre las potencias imperialistas en Medio Oriente. Moscú envió tropas terrestres, asesores militares y su fuerza de aviación de guerra, que debilitaron las posiciones rebeldes.
El respaldo ruso catalizó el proceso de recuperación de territorios ocupados como las ciudades de Alepo y Homs9. De esta forma, Rusia contrarrestó la influencia de EE.UU. y la OTAN en la región (Solana, 2016). Como consecuencia de ello, Moscú garantizó su zona de influencia en el mar Mediterráneo mediante el fortalecimiento de su base naval en Tartús y la expansión de la base aérea de Khmeimim.
La entrada de Rusia provocó un cambio drástico en el equilibrio de fuerzas dentro de la guerra. Aprovechando esto, el Eje de Resistencia reconfiguró sus estrategias para establecer una coordinación con los efectivos rusos. Ello se percibe a partir del cambio de la concepción estratégica de las milicias iraníes, las cuales pasaron de combatientes principales a fuerzas de contrainsurgencia. Igualmente, se observó la reducción parcial de la presencia de tropas de Hezbolá luego de la reconquista de Alepo (Vélez Castro, 2017).
Otro aspecto significativo es la intervención de tropas turcas en el conflicto. A partir del año 2016, Ankara realizó cuatro operaciones militares en territorio sirio con el objetivo de contener la amenaza separatista de los kurdos y respaldar a grupos de la oposición moderada contra al-Assad. Asimismo, se centró en la expulsión del grupo ISIS del territorio de Idlib9. Por lo tanto, los objetivos militares establecidos por Turquía provocaron fricciones con las fuerzas ruso-iraníes.
La escalada de violencia derivada del intervencionismo de las potencias dispuso un escenario propicio a la realización de negociaciones. En esta línea, Rusia, Irán y Turquía impulsaron el formato de Astaná, donde se evidencia la conformación de alianzas entre Estados con posiciones contrarias sobre Siria para asegurar sus objetivos estratégicos en el país. Entre los acuerdos establecidos se encontraba determinar “zonas de distención” entre estos Estados, que resultó en la recuperación del 70% del territorio sirio por Damasco y el establecimiento de un mayor control con la frontera turca, sofocando a las fuerzas kurdas (Petrini et al., 2021).
Paralelamente en EE.UU., la elección del presidente Donald Trump impulsó nuevas estrategias para el conflicto. En esta etapa, las fuerzas estadounidenses lograron avances militares como la recuperación de Raqqa, centro de operaciones de ISIS, con el apoyo de las Fuerzas Democráticas Sirias. Sin embargo, la presencia y el avance ruso condicionaron el debilitamiento de la hegemonía de Washington en la región. Por consiguiente, para octubre de 2019, la Casa Blanca anunció la salida de tropas norteamericanas, manteniéndose únicamente una base militar activa en el norte de Siria.
El conflicto sirio se consolidó como una guerra regional influenciada por intereses de las potencias interventoras. Esto provocó la fragmentación de la sociedad siria y su polarización. Asimismo, el respaldo de Rusia e Irán garantizó el mantenimiento y fortalecimiento del gobierno de al-Assad. En conjunto con lo anterior, la retirada de EE.UU., a causa de la influencia de Moscú en la guerra, y la desarticulación del ISIS supusieron la imposición de un nuevo statu quo con escaramuzas aisladas y una guerra de guerrillas en el desierto.
Siria post al-Assad: reconfiguración de alianzas bajo el nuevo gobierno islámico
La relativa estabilidad del conflicto condicionó la reducción de las operaciones bélicas a gran escala. La intervención militar de las potencias estableció un equilibrio de fuerzas en los sistemas de alianzas formados, lo que desvió el foco mediático internacional de Damasco. En adición, se materializó la normalización de las relaciones entre el gobierno sirio con las monarquías del Golfo a partir de su readmisión en la Liga Árabe, anunciada el 7 de mayo de 2023, tras una década de aislamiento (Al Jazeera, 2023). De esta forma, se constituyeron alianzas en materia de seguridad y comercio.
Durante 2024, los aliados históricos de al-Assad -Rusia e Irán- habían reconfigurado sus prioridades estratégicas respondiendo a sus intereses: el inicio de la guerra ruso-ucraniana y la nueva ofensiva militar de Israel contra Palestina y el Eje de la Resistencia, respectivamente. Un ejemplo de esto constituye la disminución, según el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS), al 15% del presupuesto militar ruso a Siria (frente al 40% en 2021) (Yacoubian, 2022). A la par de este debilitamiento del apoyo externo, resurgieron células terroristas reorganizadas, entre la que destaca HTS al mando del líder extremista Abu Mohammed al-Golani, que condujeron a una nueva escalada en el conflicto y, posteriormente, al derrocamiento del partido Baaz.
Finalmente, el 8 de diciembre de 2024, Damasco se rindió ante las tropas del HTS. El grupo insurgente logró capturar ciudades clave como Alepo, Hama y Homs, en un breve periodo de tiempo. Esto permitió a las fuerzas yihadistas avanzar hacia la capital con escasa resistencia. Como consecuencia de esto, al-Assad se trasladó hacia Rusia en busca de asilo político.
El gobierno islámico, encabezado por el presidente interino Ahmed al-Sharaa, se ha caracterizado por una agenda pragmática en el ámbito internacional, pues ha mantenido relaciones estratégicas con los aliados y detractores del gobierno de al-Assad. En este sentido, la política exterior siria se ha manifestado estratégicamente, promoviendo discursos de cooperación y seguridad. De esta forma, se evidencia una reconfiguración en el sistema de alianzas conformado al inicio de la guerra.
Entre los principales reajustes se encuentra un acercamiento a Rusia a través de acuerdos comerciales y de apoyo diplomático (Grippo, 2025), donde se pactó el mantenimiento de su posición estratégica en la base naval en Tartús y el aeródromo de Khmeimim. Asimismo, se han firmado acuerdos en materia de cooperación militar, comercial y estratégica con los antiguos países detractores del presidente al-Assad, entre los cuales destacan EE.UU., Turquía, las monarquías del Golfo e Israel. Ello ha otorgado al gobierno de transición significativa legitimidad internacional, conduciendo al levantamiento, por parte de la administración Trump, de las sanciones económicas contra el Estado sirio y el aumento de la inversión en sectores estratégicos como industria, energía, infraestructura, desarrollo inmobiliario y tecnologías financieras (Prensa Latina, 2025). Cabe destacar que Ahmed al-Sharaa se convirtió en el primer jefe de Estado sirio en visitar la Casa Blanca desde que el país árabe obtuvo su independencia de Francia en 1946 (La Sexta, 2025).
CONCLUSIONES
El sistema de alianzas en el conflicto sirio (2011-2024) demuestra que las reconfiguraciones responden a contradicciones e intereses interimperialistas por el control de zonas estratégicas, donde la flexibilidad de los alineamientos constituye la manifestación superestructural de los cambios en la correlación de fuerzas entre potencias. La multiplicidad de actores, tanto internos como externos, complejizaron el escenario geopolítico, pues defendían intereses propios e interactuaban con pragmatismo según puntos comunes en sus agendas.
Situado en un contexto regional inestable, el gobierno de al-Assad devino en el foco mediático mundial, lo que reflejó la importancia estratégica conferida al Estado sirio. En este sentido, se evidenció la conformación de coaliciones pragmáticas a partir de mecanismos de desestabilización regional como la instrumentalización del factor religioso y el financiamiento a grupos opositores y yihadistas por parte de las monarquías del Golfo —con el apoyo de EE.UU. y Turquía—. De esta forma, se produjo un debilitamiento en las capacidades conjuntas del Eje de la Resistencia otorgando a Israel una ventaja en sus operaciones expansionistas.
Por su parte, el gobierno sirio, respaldado por el Eje de la Resistencia y Rusia, constituyó un actor contrahegemónico a Washington en la región y a los intereses de Israel hacia el mundo árabe. Esta alianza estratégica, y su posterior intervención directa, equilibró la correlación de fuerzas del conflicto institucionalizando la cooperación entre potencias con el formato de Astaná. Consecuentemente, Moscú se posicionó como principal socio militar de Damasco, incrementando su influencia en el país árabe y su capacidad de proyección regional en Medio Oriente.
La disminución del apoyo externo a Siria, el resurgimiento de células opositoras organizadas y la aparente estabilidad en el conflicto condicionaron el derrocamiento de al-Assad. El nuevo gobierno ha proyectado su política exterior con el objetivo de asegurar reconocimiento internacional y legitimidad. Para ello, ha concretado relaciones diplomáticas y estratégicas tanto con Occidente, Israel y las monarquías del Golfo como con la Federación de Rusia.
REFERENCIAS
Bibliográficas
notas